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Malos hábitos bucales en niños

Durante el crecimiento, los niños pueden desarrollar hábitos como chuparse el dedo, usar chupete, morderse las uñas o respirar habitualmente por la boca. Algunos pueden formar parte de determinadas etapas del desarrollo, pero cuando persisten en el tiempo pueden influir en la posición de los dientes, la mordida y el desarrollo de las estructuras orales.

La Dra. Javiera Poblete, odontopediatra de Clínica Dentistas por Chile, explica cuáles son los principales hábitos bucales que conviene observar y por qué es importante identificarlos durante el crecimiento.

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¿Qué son los malos hábitos bucales?

Son conductas repetitivas que involucran los labios, lengua, dientes, mandíbula u otras estructuras de la boca.

No todos los hábitos tienen necesariamente consecuencias. Su efecto depende de factores como la edad del niño, la frecuencia, la intensidad y cuánto tiempo se mantiene el hábito.

Por eso, más que observar un episodio aislado, es importante prestar atención a aquellas conductas que se vuelven frecuentes o persisten durante el desarrollo.

1. Succión digital y uso prolongado del chupete

La succión es un comportamiento natural durante las primeras etapas de la infancia. El problema puede aparecer cuando chuparse el dedo o utilizar chupete se mantiene de forma prolongada.

Dependiendo de la frecuencia e intensidad del hábito, puede influir en la posición de los dientes y en la forma en que los dientes superiores e inferiores se relacionan al cerrar la boca.

¿Qué señales pueden observar los padres?

Algunas señales que pueden llamar la atención son:

  • Dientes anteriores que comienzan a separarse

  • Cambios visibles en la mordida

  • Dificultad para dejar el chupete o la succión digital

  • Mantener el hábito durante gran parte del día o para conciliar el sueño

Eliminarlo de manera brusca no siempre es la mejor estrategia. La forma de abordarlo debe considerar la edad del niño y las razones por las que mantiene el hábito.

2. Interposición labial

La interposición labial ocurre cuando uno de los labios, frecuentemente el inferior; se posiciona de manera repetitiva entre los dientes.

Cuando esta conducta se mantiene en el tiempo, la presión constante del labio puede participar en cambios en la posición de los dientes y en la mordida.

Los padres pueden notar que el niño coloca frecuentemente el labio detrás de los dientes superiores, lo succiona o lo mantiene entre ambas arcadas.

Dependiendo del origen y de las alteraciones presentes, su manejo puede requerir la participación de diferentes profesionales y, en algunos casos, tratamiento odontológico u ortodóncico.

3. Onicofagia: morderse las uñas

Morderse las uñas, también conocido como onicofagia, es un hábito frecuente tanto en niños como en adultos.

Cuando se vuelve repetitivo, los dientes anteriores reciben fuerzas que no corresponden a su función habitual. Con el tiempo, esto puede contribuir al desgaste de sus bordes o producir pequeñas lesiones en los tejidos alrededor de las uñas.

Más que simplemente decirle al niño que deje de hacerlo, puede ser útil identificar cuándo aparece el hábito: mientras estudia, frente a situaciones de estrés, por aburrimiento o de manera prácticamente automática.

Reconocer esos momentos puede ayudar a encontrar estrategias para disminuir su frecuencia.

4. Respiración bucal

Un niño puede respirar por la boca de manera ocasional cuando está resfriado o presenta congestión nasal. Lo que requiere mayor atención es cuando respira predominantemente por la boca de manera habitual, incluso cuando no está enfermo.

La respiración bucal persistente puede estar relacionada con diferentes causas y no debe considerarse simplemente un “mal hábito”.

Algunas señales que pueden acompañarla son:

  • Dormir habitualmente con la boca abierta

  • Mantener los labios separados durante el día

  • Sequedad bucal al despertar

  • Ronquidos o respiración ruidosa durante el sueño

  • Dificultad para mantener una respiración nasal habitual

Cuando la respiración bucal es persistente, es importante identificar su causa. Dependiendo del caso, puede ser necesaria la participación de otros profesionales de la salud además del odontólogo.

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¿Por qué es importante detectarlos durante el crecimiento?

Identificar un hábito tempranamente permite observar su evolución y determinar si está produciendo cambios en el desarrollo oral.

En algunos niños puede ser suficiente acompañar la eliminación progresiva del hábito. En otros casos puede ser necesario intervenir sobre sus consecuencias o estudiar si existe una causa adicional que deba tratarse.

Durante una evaluación de odontopediatría también es posible observar el crecimiento, el recambio dentario y la mordida. Si ya existen alteraciones que requieren corrección, puede determinarse si es necesario complementar el manejo con ortopedia u ortodoncia infantil.

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¿Qué pueden hacer los padres?

Lo primero es observar antes de corregir.

Identifica cuándo aparece el hábito, con qué frecuencia ocurre y en qué situaciones aumenta. Evita convertirlo constantemente en motivo de castigo o conflicto.

También es importante observar si existen cambios visibles en los dientes o la mordida y prestar atención a conductas como mantener permanentemente la boca abierta o respirar habitualmente por ella.

Un hábito bucal no necesariamente significa que exista un problema que requiera tratamiento. Lo importante es considerar la edad del niño, cuánto tiempo lleva realizándolo, con qué frecuencia ocurre y si ya existen cambios en los dientes, la mordida o las funciones orales.

Detectarlo durante el crecimiento permite intervenir cuando realmente sea necesario y evitar que una alteración continúe desarrollándose.